EL
SABER ES UN DERECHO Y UN PRIVILEGIO
(texto
argumentativo)
En
los inicios de toda dictadura hemos visto quemar libros y prohibir la
lectura de muchos otros, así como cerrar lugares donde aprender por
el placer de aprender.
¿Y de dónde
proviene ese miedo a los manuales? ¿Por qué se teme el interés por
el aprendizaje y el saber? Es fácil la respuesta: cuando una persona
no tiene conocimientos, no ha aprendido a ser crítico, es factible
el manipularla a través del miedo y la mentira, no es difícil que
aprenda a hacer lo que se le dice y a no poner en tela de juicio las
decisiones de sus superiores.
Sin embargo,
cuando nos encontramos con personas que razonan, que cuestionan lo
que se les dice, no es fácil engañarlas y manipularlas, y más aún
cuando es visible la injusticia o lo ilógico del proceder. Por todo
ello, las personas que se han cultivado, que han logrado un
razonamiento lógico y crítico no son “plato de buen gusto” para
aquellos que disfrutan de la falta de honestidad y honradez. Como
escribe Miguel de Unamuno “Solo el que sabe es libre, y más
libre el que más sabe... la libertad que hay que dar al pueblo
es la cultura”
Es importante
que la población juvenil sea consciente de que el saber, la cultura,
el desarrollo de la razón y la lógica, son derechos de los que nada
ni nadie deberían privar a persona alguna. De igual modo, sería
oportuno considerar el aprendizaje como un privilegio del que
disfrutar.
No obstante, es
cierto que cultivar el saber no siempre es una tarea agradable y
placentera, sobre todo si los interesados son jóvenes que necesitan
relacionarse y que están rodeados de las últimas tecnologías en
comunicación. Pero aquí es donde entra en escena el papel del
maestro, de ese profesional que publicita y vende el placer del
saber. Quizás haya que recordar al docente que está en sus manos el
poner en marcha el motor de la cultura, que él es el mago que deja
perplejo al alumno ante un buen libro, una buena historia o el relato
de un descubrimiento.
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